«El eslabón perdido entre los juguetes de plástico y las consolas portátiles.»

A veces, repasar las estanterías implica fijarse en esos artículos que, por su propia naturaleza de «juguete de trote», estaban destinados a acabar destrozados. Hoy bajamos a la escala más humilde del ocio electrónico para hablar de una auténtica superviviente de 1997.

El preludio a los 16 bits: La era del cuarzo líquido ⏱️👾

Antes de que aquella primera consola de sobremesa (la querida Sega Mega Drive de la que os hablaba el otro día) entrara por la puerta de mi casa, mis primeros contactos con los videojuegos fueron a través de este tipo de sistemas. Las reinas indiscutibles en mi recuerdo son las Game & Watch de Nintendo, unas auténticas maravillas a las que les dediqué horas incontables.

Pero Nintendo no estaba sola en esto. Empresas como la estadounidense Tiger Electronics inundaron el mercado con su propia fórmula: maquinitas económicas, de un solo juego, que compensaban sus enormes limitaciones técnicas con licencias muy jugosas de películas, series o incluso de otros videojuegos. El funcionamiento era siempre el mismo: una pantalla LCD con segmentos negros predefinidos que se encendían y apagaban sobre un fondo estático de colores. La jugabilidad era puro ensayo y error, machacar botones e intentar batir tu propia puntuación, pero funcionaba de maravilla para mantenernos pegados a la pantalla.

Un hallazgo encapsulado en Todocoleccion 🕰️📦

Lamentablemente, de todas aquellas maquinitas que pasaron por mis manos durante la infancia no conservo ninguna. Se llevaron mucho trote en los recreos, en viajes familiares y en tardes de verano, y al final terminaron desapareciendo, rompiéndose o perdiéndose en alguna caja olvidada.

Por eso, hace ya bastantes años, cuando me crucé con este Action Man: Street Ninja haciendo tratos por Todocoleccion, no lo dejé escapar.

Como veis en las fotos, el estado es inmaculado. Está MOC (Mint on Card), totalmente sellada en su blíster original desde 1997. Al tenerla en la mano en unas condiciones tan perfectas, tomé la decisión de no abrirla. Es una de esas raras ocasiones en las que el valor de preservación del objeto en su embalaje original de la época me pesa más que las ganas de rasgar el cartón para probarla. Se ha convertido en una pequeña cápsula del tiempo en mi estantería.

¡Bi, bi, Bizak! 📺🇪🇸

Si le damos la vuelta al cartón, además de las instrucciones en varios idiomas para que nuestro «ninja callejero» esquive shurikens, encontramos el detalle definitivo que ancla esta pieza a nuestros recuerdos: la pegatina de distribución.

«Distribuido por: Bizak, S.A., Bilbao».

Es leer esa pegatina y es imposible que no resuene en la cabeza el mítico jingle de los anuncios de la tele de los noventa: «¡Bi, bi, Bizak!». Era la época dorada de las jugueteras españolas importando a nuestras tiendas de barrio y grandes almacenes todos estos productos internacionales. Ver esa etiqueta ahí, intacta casi treinta años después, es lo que le da a este blíster su verdadera identidad.

Es un trozo de plástico, sí, pero también es el testimonio de cómo jugábamos y de cómo consumíamos entretenimiento antes de que tuviéramos internet en el bolsillo.

Y vosotros, ¿tuvisteis alguna maquinita de Tiger o de Nintendo? ¿Sobrevivió alguna a las batallas de vuestra infancia? Os leo en los comentarios.

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